Fue en mi último año de preparatoria cuando mis amigas y yo comenzamos a
aventurarnos por la vida. Con ellas viví muchas experiencias buenas y, aunque
no siempre fueron positivas, yo les encontraba el lado amable. Antes de
conocerlas yo era una persona muy solitaria. Me agradaba caminar por los
pasillos, escuchar mi música preferida y dirigirme sola a mi aula de clase. Las
conocí y mi vida, de ser ordinaria, comenzó a ser divertida.
Mi amiga Brend vivía a cinco minutos de la escuela y eso era pretexto para siempre ir a su casa. A veces solo nos poníamos a ver películas de terror, pero lo más común que hacíamos era irnos a bailar. A ella y a mí nos agradaba poner el estéreo a todo volumen e inspirarnos con el ritmo de Alberto Barros. A ella le gustaba la banda, pero siempre bailaba conmigo salsa colombiana. Brend bailaba precioso y siempre me hacía reír. Con ella me la pasaba mucho tiempo, y de todas, ella era mi amiga preferida.
Todos los viernes salíamos a divertirnos. En una temporada solo bebíamos alcohol, pero fue pasajera. Después de varios meses de juntarnos solo Brend y yo, conocimos a Erika. Las fiestas eran amenas en compañía de las dos. No solo eran Brend y Eri las que conformaban mi grupo de amigas, pero para mí, ellas fueron las más importantes.
Para despedirnos fuimos a la Marquesa. Estábamos a unas semanas de
terminar el bachillerato. Estaba lloviendo y todas caminamos con el fin de
perdernos, pero no fue así. Llegamos muy lejos y hasta encontramos una vaca.
Brend bromeaba porque todas estábamos sucias. Aún recuerdo que ese día hice lo
que amaba: monté a caballo. No terminaría de contar todas las tonterías que
viví al lado de mis amigas, pero cabe mencionar que ese día jugamos algo
pesadito y terminé llorando.
Experimenté muchas cosas con ellas. Suena gracioso, pero siempre terminábamos
en problemas; sin embargo, adoraba estar con ellas. Aún recuerdo cuando fuimos
a una fiesta de espuma y casi me ahogo. Ese día nos perdimos en el metro, no encontré
al mesero que me había atendido (se quedó con mi cambio), y en el antro me
robaron un anillo de oro. Yo estaba muy enojada, pero aun así, lograron hacerme
reír.
Hace poco nos reunimos y fue increíble saber que todas eramos universitarias. Cuando recordamos las tonterías que hacíamos en la preparatoria es imposible no sonreír.
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