domingo, 16 de junio de 2013

¿Y mi automóvil?

Tenía 16 años y amaba los automóviles. Nunca pensé en el peligro, ni en los riesgos que tendría subirme a uno y manejar de una forma alocada. Acababa de aprender a manejar y eso no era impedimento para que no me atreviera a hacerlo. 
Era primavera de 2010 y tenía que ir a una fiesta con los familiares de mi mamá. En ese entonces no me llamaba la atención bailar, así que decidí salirme de la fiesta con un primo. Yo era muy atrabancada, y él, muy tímido, pero eso no era problema para nosotros. Los dos siempre encontrábamos la forma para divertirnos.
Nos vimos fijamente a los ojos y yo con una sonrisa le insinué que tenía una buena idea. El, con una risa nerviosa me dijo: "Que no se te ocurra Sánchez. Hago todo lo que me digas a excepción de subirme a un automóvil contigo", él sabía perfectamente lo que me traía en manos. 
Yo sabía que no era mala idea así que tomé las llaves del automóvil y me subí. Por un momento llegué a pensar que me iría sola, pero vi que mi primo también se había subido. Yo comencé a reír. Era muy graciosa la cara de angustia que él ponía. No sé a qué le temía, pero estaba asustado. 
Salimos de la cochera y la diversión comenzaría. No tenía experiencia, pero estaba segura de lo que hacía. En lo único que pensaba era en manejar. Era una novata detrás del volante con ganas de pisar el acelerador. Cuando estábamos a punto de salir a carretera escuchamos que un tráiler nos pitaba. Me orillé para ver quién era la persona que estaba manejando la máquina, pero no logré ver bien el rostro. Iba a arrancar el auto nuevamente, pero escuché la vos de mi tío gritar: "¡Karime deja eso y ven a sentir la verdadera adrenalina!", me emocioné mucho. Estacione el automóvil en un lugar donde no estorbara y me subí al tráiler con mi primo. 
Mi tío me dejó manejar la enorme máquina. Tenía miedo, pero no le tomé importancia a mi estómago que me exigía abortar la misión. Comencé a mover el tráiler y mi tío, emocionado, me decía que hacer para no perder el control del volante.
Cuando llegué a la casa y me baje del lado del piloto del tráiler, las miradas se fijaron en mí. Mi mamá me sonrió y mi papá desconcertado me preguntó: “¿Y mi automóvil?”, fue gracioso el tono de su voz.

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