Cuando apenas había cumplido mis 18 años viví una experiencia muy loca.
Era diciembre de 2012. Mi mejor amiga festejaría su cumpleaños en un antro que
se llamaba Blackout en Zona Rosa. Mis padres no querían que fuera, pero cómo
Montserrat les inspiraba mucha confianza me dejaron ir. Los padres de Mont son
muy amigos de los míos y por eso mi mamá me pidió que me quedará a dormir en
casa de mi mejor amiga para que disfrutara más la fiesta.
Fuimos juntas a comprar ropa y nos arreglamos en su casa. Yo la maquillé,
le arreglé su cabello y pinté sus uñas. Ella hizo lo mismo conmigo. Salimos de
su casa a las 20 horas. Los padres de Montserrat nos llevaron al antro. Al
llegar vi que los primos de Montserrat nos estaban esperando en la entrada del
lugar.
Aún recuerdo que bebimos Jack Daniel's y bailamos toda la noche. El
tiempo se nos pasó volando y jamás nos preocupamos por la hora. Nos estábamos
divirtiendo mucho, hasta que mi mejor amiga empezó a beber más de lo que su
cuerpo le permitía. Me paré a bailar con un primo de ella, pero cuando regresé
me di cuenta de que le habían dado un shot. Parecía cucaracha
fumigada y eso me asustó. Les grité a sus primos porque se burlaron de ella y
eso a mí me molestaba, pero ella me dijo: "Tranquila, Kari, estoy bien solo
estoy un poco mareada. Te quiero mucho, loquilla". Nos fuimos
del antro y vagamos por Reforma en los automóviles.
Llegamos a casa de Mont a las cinco de la mañana y sus padres no
estaban. Le habían dejado una nota en donde decía: Las esperamos en la Rainosa.
No olviden que tienen partido de voleibol". Nos quedamos dormidas y
llegamos exactamente antes de que empezará el segundo set. Estábamos
mareadas y no tolerábamos las porras de las gradas. Mi mamá se molestó, pero se
quedó a vernos jugar. Fue el set más eterno que había jugado,
pero ganamos. Por suerte el equipo contrario era novato. Cuando terminó el
partido mis papás me regañaron por haber llegado tarde y por oler a
alcohol.
Regresamos a casa de Mont porque le harían una fiesta familiar. Ella y
yo nos metimos a su habitación y nos pusimos a jugar Halo en su xbox. La familia de Montserrat bebía y nos invitaba, pero nosotras habíamos
bebido toda la noche y ya no queríamos más.
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